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DEPRESIÓN MONOPOLAR
Dr. Andrés Heerlein



La historia del hombre registra con alta frecuencia la presencia de una particular patología, que hoy día conocemos como depresión mayor o rnonopolar. Las descripciones de las aflicciones del rey Saúl y las alteraciones anínúcas descritas en la mitología helénica preceden a los primeros registros médicos de esta patología, bautizada por Hipócrates como Melancolía, o bilis negra. Gracias a esta brillante disección psicopatológica, la Melancolía pasa a constituirse en los siguientes veinte siglos en el lugar común de múltiples afecciones que comprometen las intersecciones entre el cuerpo y el alma humana.

El renacimiento despierta el interés científico por este mal, permitiendo notables descripciones clínicas como las de R. Burton, de Cambridge, quien dedica 40 años de su vida a la sola publicación de su libro sobre "La Anatomía de la Melancolía." El término depresión, acuñado en el siglo pasado en Inglaterra, pretende llevar la melancolía hipocrática a un terreno más expungable, arguyendo razones neurológicas y circulatorias. -

A comienzos de nuestro lustro, la floreciente psiquiatría de habla alemana incorpora a la depresión como una de las figuras centrales de la psiquiatría moderna, estableciendo la distinción entre una forma de evolución monopolar y otra bipolar. Esta diferenciación es aceptada en la actualidad, donde la depresión monopolar ha recibido finalmente el título de depresión mayor.

La depresión mayor o monopolar es una patología frecuente, universal, que afecta con mayor prevalencia al género femenino. Sus causas son desconocidas, pero se cree que deben corresponder a una combinación de múltiples factores. Entre otros, se han identificado factores genéticos o hereditarios que predisponen al desarrollo de esta enfermedad. Junto a ellos, los factores psicológicos y los factores sociales han sido asociados al origen y el desarrollo de este mal.

Los síntomas principales se pueden resumir en una progresiva alteración de¡ estado de ánimo y del impulso, con pérdida de la capacidad de disfrutar, de relacionarse con los otros, de cumplir con las propias metas, con angustia, insomnio, desesperanza, molestias corporales múltiples, déficit de memoria y concentración, culpa, rumiaciones y desinterés vital. En un plano más profundo, algunos enfermos hablan de una sensación de vacío interior progresivo, que va carcomiendo el alma hasta llegar a la nada. Esta sensación de vacío existencias, de desvanecimiento de la propia identidad, sería el aspecto nuclear de la depresión, y la causa última de su torturante efecto destructor. Los pacientes relatan sentir perder las amarras existenciales, estar abandonados en la nada, sin rumbo ni sentido.

A veces, la depresión y la angustia progresiva se visten de delirio de culpa, de probreza o de muerte, lacerando la ya alicaída identidad, aumentando el nihilismo, la sensación de vacuidad total, de estar enfrentado a un muro infranqueable, llegando así al desenlace irreversible.