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Gonzalo Cienfuegos    Técnica Mixta sobre tela     160 x 180 cms

TRANSTORNO DE PANICO Y AGORAFOBIA
Dr. Enrique Jadresic


En el trastorno de pánico la ansiedad se manifiesta en la forma de ataques de angustia intensa (o pánico), repetidos, en que al menos algunos de los episodios son inesperados, es'decir no se asocian a una situación desencadenante. Para las personas con trastorno de pánico, el ataque de angustia es una vivencia repentina y aterradora.

Entre los síntomas que se experimentan se encuentran dificultad para respirar, palpitaciones, sensación de atragantamiento, dolor o malestar torácico, sensación de mareo, inestabilidad o desmayo. Asimismo, pueden presentarse fenómenos de desrealización o despersonalización, temor a perder el control, enloquecer o morir. Los síntomas alcanzan su máxima intensidad en segundos o minutos, para luego desvanecerse y cesar en minutos o a lo más una hora.

Tan traumática puede ser la experiencia del ataque de angustia, que la persona puede desarrollar-una serie de conductas de evitación, las cuales pueden progresar hasta convertirse en temor a estar solo o en lugares públicos de los que le podría resultar difícil escapar o recibir ayuda (agorafobia).

El agorafóbico puede evitar estar en una muchedumbre, viajar en un vehículo o avión, transportarse en metro o bien enfrenta estas situaciones con gran sufrimiento o ansiedad por el temor a presentar un ataque de pánico. Si bien los factores psicológicos, como dificultades en la adquisición de la autonomía personal, experiencias de abandono y separaciones traumáticas pueden influir en la génesis del trastorno, la causa primaria parece ser un desequilibrio biológico que afecta al sistema nervioso central.

En el cuadro de Gonzalo Cienfuegos el hecho de que la condición se presenta preferentemente en mujeres, en proporción de dos o tres a uno, se deja adivinar. Hacia la izquierda se aprecia a una mujer, probablemente en estado grávido/puerperal, acompañada de un niño angustiado, en una actitud hiperalerta y de mirada aterrorizada, lo que habla del impacto familiar de la enfermedad y de que el trastorno se da en mujeres jóvenes, que es lo que en realidad sucede.

A la derecha, la inversión de la cabeza de la figura allí ubicada inmediatamente evoca al psiquiatra el fenómeno de la despersonalización, síntoma frecuente de ver en los panicosos. De vuelta a la izquierda, hacia el extremo, contrasta con la atmósfera del resto del cuadro una mujer intocada. Su presencia admite, entre otras, dos posibles lecturas: representa el estado de completa normalidad de muchos pacientes entre las crisis o bien nos recuerda que estamos frente a una sicopatología para la cual se dispone de tratamientos efectivos en la actualidad.

El supersticioso gesto de la mano derecha de la mujer del primer plano nos trae a la memoria la imagen de estrategias similares utilizadas por nuestros pacientes en su lucha frente a. la evitación. Lo inerme del gato del tercio superior del cuadro actúa por contraste y resalta el carácter amenazante y sombrío del paisaje urbano en que el pintor, acertadamente, sitúa a los protagonistas de esta enfermedad.