Sismógrafo del acontecer nacional.
MILAN IVELIC
inicio sala1 sala2
 
Retrato de BalmesChile se transforma de vez en cuando en una gran instalación telúrica como consecuencia de los movimientos sísmicos que, de acuerdo a la magnitud registrada en el sismógrafo, van desde casi imperceptibles temblores a fuertes terremotos.

Su periodicidad ha hecho que los chilenos se habitúen a convivir con los sobresaltos que provocan, y con el temor de que ocurra un sismo de gran magnitud cada ciertos años. La sismología tiene, en nuestro país, un campo experimental envidiable, aunque no sea nada de envidiable experimentar en carne propia este iracundo capricho de la naturaleza.

El simógrafo, delicado instrumento de medición, va registrando a lo largo y ancho de Chile las sacudidas de la tierra y fija en el papel las marcas del movimiento telúrico, como si el sismógrafo fuera (empleando un símil) la grafia que se elabora desde una matriz que es la propia corteza terrestre. El sismógrafo es el dacumento en el que queda el testimonio sísmico y desde donde se escribe la historia telúrica de chilena, con su secuela de destrucción y muerte.

Balmes actúa, desde el campo artístico, como un sismógarfo que registra los sobre-saltos y quiebres del cuerpo social.

Su ojo sismógrafo está siempre atento y en permanente funcionamiento para marcar en la tela signos pictóricos y gráficos del comportamiento colectivo, ya sea para recuperar la memoria histórica chilena, la dignidad o el atropello de América Latina o los personajes que han protagonizado su historia para bien o para mal, y siempre desde una proyección universalista. Por eso es que, su obra es una síntesis entre señales de identidad y formas de expresión cosmopolita.

El compromiso de Balmes con su propuesta artística es un continuo reforzamiento de su compromiso ético y estético, caracterizado por una aguda conciencia de la obligación social del arte de abrir la conciencia para liberarla de las manipulaciones del poder; despertar la conciencia crítica aún cuando el arte -sobran ejemplos dificilmente cambiara las estructuras que condicionan la justicia y la libertad.

Muy alejado de una estética complaciente, sus estrategias de trabajo son el resultado combinatorio del gesto espontáneo y la elaboración meditada; del automatismo y reflexión distanciadora; de la descarga instintiva el trabajo de análisis, de retención productiva.

Su figuración expresionista y provocadora, crítica y contentataria a la vez, recoge residuos informales manifestados en la técnica rápida y desenfadada, incorporando elementos tomados de la realidad. Aprovecha los aportes del informalismo en la composición aparentemente desordenada, pero con una exigencia basada en cierta lógica de repertorios gráficos e icónicos, sin las cuales no existiría como representación. Así como organiza un campo caliente con el gesto y la mancha, con los signos gráficos y con la pincelada agresiva, así también al introducir elementos collages origina un campo frío que lo necesita para lograr un leve distanciamiento con el hecho que quiere plasmar, con el fin de ingresar mejor al corazón del acontecimiento.

El sismógrafo balmeciano está siempre atento para registrar las sacudidas y quiebres que sufre la sociedad, pero también las reconstrucciones y remodelaciones del paisaje humano.

MILAN IVELIC
Director del Museo Nacional de Bellas Artes,
Santiago de Chile