Ella asintió, sin atreverse a decir nada. Entonces el luminoso ser le dió un beso en la mejilla, como un soplo de amor, y desapareció de su sueño. En los días siguientes, cada mañana sacó el regalo que había recibido del muchacho moreno,
por esos dos mil pesos y cantó:

"Comunicando, comunicando".   f i n