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HABLA GANA
por Radomiro Spotorno

Este texto, al que llamé "Habla Gana" es la transcripción, y ciertamente selección, de una decena de cintas con conversaciones que mantuvimos Andrés y yo, a lo largo de seis meses, como un extenso reportaje acerca de quién era él, por qué pintaba, qué pintaba y de qué manera lo hacía.

Excluí mis preguntas, porque lo que interesaba eran las respuestas. Aunque aquellas, de cierto modo, sobreviven en los títulos de los párrafos, que son míos. El orden de éstos entrevera datos biográficos con reflexiones sobre la pìntura y con antecedentes acerca de la carrera de Gana. Todo el texto quiere ser leído también como un relato.

Una larga, íntima y profunda amistad nos une con Andrés. He escrito algunas páginas sobre su pintura y él ha ilustrado cuatro de los cinco libros que he publicado. Alguna vez escribiré un texto mayor sobre él.

Creo que la trayectoria de Gana es como una espiral: lo mismo de lo mismo, pero más hondo. Y es absolutamente chilena y original. Su mirada de cronista sobre nuestro país esta llena de amor, es "piadosa" en un sentido dostoievskiano. Y pertenece al futuro, tanto porque se encauza en esa sensibilidad que está construyendo una nueva percepción de Chile, tras el doloroso estallido de las viejas imágenes de la patria, en las que tanto nos gustaba recrearnos, cuanto porque lo hace con el noble formato del cuadro, esa maquinaria inmóvil que quiere atrapar al mundo y que volverá a brillar con todo su esplendor, una vez pasado el entusiasmo por la chatarra tecnocrática y sus imágenes desechables.

Radomiro Spotorno

Santiago, 1998

COMIENZOS DEL ARTISTA

Primero dibujaba caballos. Quería tener caballos. La idea de tener caballos era lo que más me gustaba. Nunca pude tenerlos. Después quise un piano y tampoco lo logré, también un clarinete. Al tiempo quise tener una batería y esta vez mi mamá sí me la compró: una batería marca Ricantén, chilena. Con ella toqué en un conjunto de rock, "Los Sacros". Pero lo concreto es que dibujé miles y miles de caballos, corraleros, de carrera, ingleses. Durante años molesté a mi padre para que comprara un caballo. Y el decía "Si... comprarse un caballo, en el Club Hípico hay algunos baratos", pero nunca llegó a comprar nada.

Después dibujé atletas. A los diez años me puse deportista. Vestido de gimnasta corria alrededor de la casa durante horas. Me gustaba la maratón y dibujé infinidad de atletas. Pero a los doce años dibujé a la Marlene Ahrens saltando vallas y desde entonces dibujé mujeres. Mi mamá descubrió el cuaderno de matemáticas lleno de dibujos de potos ambientados en un bar y me retó, porque me estaba yendo mal en el colegio, en el Grange.

AUTORRETRATOS

El "Autorretrato lavando los platos", o el "Autorretrato vestido de carabinero", son autorretratos "en sí", que yo planteo como tales y que no son muchos. Como ese que tienes tú, donde aparezco con una gran carpeta verde, de artista, de pintor. También está el autorretrato con los brazos extendidos en cruz, que fue portada de la revista "Araucaria" y que es como un "Cristo pintor".

Una vez en tu casa, en Madrid, hice un óleo sobre papel, donde aparezco con el pelo rojo, pero no se dónde estará ahora. Tengo otro antiguo, que lo cambié por una chimenea y hay algunos otros más que pertenecen a esa categoría, de autorretratos "per se".

Después están, como dices tú, esa especie de autorretratos donde me pongo de una manera mas bien vaga, como en "El Gallito", donde aparezco, además, con mi pareja de entonces. Es un juego consciente: Soy yo, pero pintado con gran libertad. Lo que importa es que yo me estoy haciendo a mí mismo. No importa tanto el parecido, sino la voluntad de ser uno mismo y de que la mujer que está conmigo sea una mujer específica, que sí se parece. En "El Gallito", por ejemplo, es Angeline.

A veces hago cuadros "románticos", pensando que estoy ahí, pero me doy una libertad formal ilimitada y hago simplemente a un tipo, de manera libre, expresionista, sin intención de ser reconocido como yo mismo, pero hay algo sentimental, emocional, que me hace sentir que soy yo y muchas veces la gente así lo reconoce.

Un ejemplo de esto se dió en uno de los primeros cuadros grandes que hice, en Isla Negra, donde me había ido a vivir con la Kena, mi primera esposa y mi hija recién nacida. Yo pinté a una familia cualquiera en la puerta de su hogar y sólo al final me percaté que éramos evidentemente nosotros.

Recuerdo cuando tú, la Pili, y otros amigos afirmaban que el tipo que había en el centro de un cierto cuadro era, finalmente, yo. Y tanto fue así que para la exposición que preparaba le pusimos "Autorretrato". Pero era un chiste, porque es evidente que ese tipo desnudo, que luce sus bíceps en la playa, con una estupenda niña detrás, jamás lo pinté pensando hacer un autorretrato. Lo que pasó fue que una amiga me preguntó ¿Por qué siempre pintas mujeres desnudas, y nunca hombres desnudos?. Entonces le pinté ese, un óleo sobre papel, un tipo estupendo, musculoso, algo así como un argentino desnudo en la playa. Igual como hacía minas eróticas, pinté un mino erótico, que gustara como yo pienso que les puede gustar a ellas y para que ellas tengan ese mismo placer.

El asunto es que parece que algo tenía de mí, por lo menos en la cara, y bautizamos el cuadro como "Autorretrato", por idea tuya. Pero su destinataria tuvo vergüenza del cuadro y, para que no lo vieran sus amigas, lo puso boca abajo y como el óleo estaba fresco, se quedó pegado al suelo. Tuve que repararlo, para la exposición.

 

LOS ORIGENES

Nací en 1950, en Santiago, Clínica Santa María, "rive droite". Tercero de cuatro hermanos, dos hombres y dos mujeres. Mi padre, José Francisco, Pepe, trabajaba en la Compañía de Gas, que era muy acogedora con la gente de "buena familia". Mi papá era de "buena familia", una antigua familia chilena, pero "venida a menos". De mi abuelo decían "Federico Gana, el que tiró la casa por la ventana". Era un desastre de flojo mi abuelo. Tenía la cabeza igual que la mía, aplastada en la nuca, de tanto estar en cama. Creo que eso es hereditario, genético, tal vez mutante.

Me preguntas si entre mis ancestros hay también artistas y tengo que contestarte que sí, que muchos. Por el lado Gana, notablemente mi abuelo, Federico Gana, que además era sobrino nieto, o algo así, de Alberto Blest Gana. Hay muchos artistas en esa rama de la familia, es cuestión de ver la biografía que sale en las obras completas de Federico Gana. Ahí está el Padre López, que fue el primer pintor de Chile y hay también un antiguo poeta. Por el lado materno mi abuelo, don Luis Johnson Braniff, combinó la carrera de pintor con la carrera de bancario y en las dos fue fulgurantemente exitoso, lo que le valió la muerte a los cuarenta años, por demasiado esfuerzo, yo creo. Tiene unos cuadros preciosos, era amigo y compañero de Valenzuela Llanos, de Pedro Lira. Se puede decir que forma parte de la Generación del 13, lo que pasa es que fue injustamente olvidado. En casa de mi madre está el retrato que le hizo a mi abuela Exequiel Plaza, otro gran pintor chileno muy amigo de mi abuelo, puesto que le regaló ese retrato, con el que ganó una medalla de oro en Francia. Mi abuelo salía mucho a pintar a la cordillera, al campo, a Papudo.

Me preguntas por mi madre, mi madre es profesora de gimnasia salida de la Universidad de Chile, de la clase media profesional ascendente ñuñoína. Mi abuela alemana quedó viuda, como te decía, por la temprana muerte de mi abuelo Johnson, pero ella era directora del Liceo 1 de niñas, educadora del tipo antiguo, un poco rígida y teutónica. Ella fue la única abuela que conocí. ¿Por qué no te leo mejor las cartas que escribí para el psicoanálisis?.

Volvamos a mi viejo. El era empleado de la Compañía de Gas, porque era pobre. Pero esa compañía tenía una caja de previsión muy buena y a través de ella se compró una quinta grande en La Reina, donde construyó, en el año cuarenta, la casa que tu conociste. Tenía muchos amigos, por ejemplo era amigo de Pablo de Rokha hijo, que era turnio, con anteojos poto de botella y supersimpático. Mi papá lo quería mucho, eran de la misma onda: relajados, buenos para conversar y tomarse sus traguitos. De Rokha pololeaba con una niña muy buenamoza, de ascendencia árabe. Era buen poeta y se enamoró mucho. De repente supe que se había suicidado, debo haber tenido unos catorce años, se suicidó antes que lo hiciera su papá, el viejo Pablo de Rokha.

Mi papá también tenía amigos pitucos del Charles, ese que quedaba en Isidora Goyenechea, de la Hostería Providencia, del Club Hípico. Me llevaba mucho al Club Hípico, pero también se juntaba con los malacatosos del barrio. Recuerdo a un patuleco, que lavaba las micros Tobalaba-Las Rejas, que era muy amigo de mi papá. El era muy democrático.

Mi mamá se dedicaba a sus clases en el Liceo 7, y era muy energética, profesora de gimnasia, imagínate, la más energética del colegio, la querían mucho sus alumnas, y todavía la recuerdan y le mandan regalos.

LA MAGIA SIMPATICA DE LA PINTURA RUPESTRE

Creo que eso que dices tu de la magia simpática de la pintura rupestre es un aspecto importante de mi pintura. El pintar lo que no se posee tiene que ver, entre otras cosas, con sobrellevar carencias, que podría implicar el tratar de utilizar la pintura como una fuerza mágica, chamánica, para influir en el destino y ganarle la mano a alguna adversidad. Todo eso no deja de tener un toque irónico, satírico, en fin, de humor. Al final lo más rico es transformar las cosas en risa, eso es un valor fantástico.

No creo que el humor sea una falsa salida a la angustia, como dices tú, porque se sale de verdad. Si se termina con una sonrisa, eso significa que todo está bien. En este cuadro de "Podérsela", nos regocijamos en la evidente intención doble de "podérsela" con la vida y de poder levantar en vilo a una mujer. No es cosa de hacer un análisis demasiado serio de eso. Lo principal es que tuve la idea de ponerme a mí haciéndome el choro. El cuadro tiene esa cosa pueril, inocente, divertida, tierna, de hacerse más maceteado. Pero en el fondo es positivo, porque lo que yo quiero es positivizar mi vida, triunfar ante la adversidad. El tipo del cuadro, que está levantando a la niña, tiene la fuerza suficiente para izarla sobre su cabeza y ella está con un poco de susto, de sorpresa, pero también de placer, de gusto, de vértigo. Yo creo que quienes gustan del cuadro captan su humor, la sutileza de haber pintado un cuadro así. Me comprenden en lo de personal que tiene.

Lo mismo pasa con el cuadro "Ducha de Colegio", que tiene que ver con el sueño del pibe, con el sueño de poder entrar, por un momento, a mirar las duchas de las niñas de un colegio, después de las clases de gimnasia. Creo que perciben ese humor del sueño irrealizable, que yo pinto y hago realidad en mi cuadro.

Esa es la parte literaria, poética, de la pintura, que está en la idea de pintar un determinado cuadro, porque si esa idea es una buena idea, permite que el cuadro sea hecho, porque me sustenta y tiene un valor. Es como si inventáramos un chiste nuevo. Como cuando inventé que yo hago dos abdominales al día, uno cuando me levanto y otro cuando me acuesto.


LAS IDEAS SOBRE UN CUADRO

Son las ideas o invenciones las que te permiten hacer un cuadro. Hay que tener un estímulo, que debe estar sustentado, para poder llegar a funcionar. Creo que le debe pasar a todos los pintores: nadie puede hacer nada si no tiene un ánimo suficiente para hacerlo, algo que lo sustente. No puedes hacer algo contra tu ánimo. Tal vez lo puedes hacer un rato, pero te va a quedar mal hecho, te va a quedar a medias. A mi me gusta la voluntad, pero no la fuerza de voluntad.

Pero lo que importa es que los cuadros sean buenos.

Y el ánimo influye tanto. Por eso hay que procurar tener siempre buen ánimo, porque un cuadro es algo muy frágil, donde todo importa. Importa, y mucho, el momento en que tú lo haces. Puedes hacerlo rápido, muy rápido, te puedes demorar un minuto, tienes el ánimo del momento, y eso le da el carácter visual al cuadro, que puede ser armonioso o no, atractivo o no, depende del ánimo con que esté hecho. Finalmente lo importante es el ritmo general del cuadro, para que sea una cosa musical. Importa poco lo que se pueda hablar de un cuadro. Lo que importa es que debe tener una presencia en sí y cualquier persona de cualquier pais que lo vea, sin saber por qué fue hecho ni a qué se refiere, se sienta atraído inconscientemente por el cuadro. A veces uno es atraído por los colores o la composición de ciertos cuadros, sin importar el "tema". Pero también puede ser atraído inconscientemente por determinadas cosas de algunos cuadros que son raras, que funcionan de reojo.

RECUERDOS DE UNA EXPOSICION

La exposición individual que más rememoro es la del Chileno-Norteamericano antes de irme de Chile, el año 1979. Tú ya no estabas en Chile. Fue la mejor. Eran más de treinta cuadros y estaba dividida en salas. Se me fue ocurriendo todo en el transcurso de la organización. Primero hice un afiche, no muy bueno, una serigrafía simple que decía "Liquidación", con letras de embalaje cruzando el afiche en diagonal y tenía el dibujo de una mujer regando. La idea era liquidar los cuadros para irme a Europa con plata y no con cuadros. Puse afiches por todos lados y en la galería hice una especie de casa: dividí el lugar en living, dormitorios, pasillos, baños y los cuadros estaban distribuídos de acuerdo a ese orden. En el living estaban los paisajes, los desnudos en los dormitorios, en el baño habían temas de baño y entremedio de los cuadros puse ciertos elementos, unas virutillas usadas en la pared, que parecían galaxias, un sopapo, un escobillón y de mi casa traje unas escobas viejas. Todo lo relacionado con el aseo de una casa. Muchos de esos elementos también estaban en los cuadros.

Recuerdo que Lucho Córdoba, el actor, me compró un retrato de Julio Martínez, el comentarista de fútbol. Años después, cuando volví a Chile, llamé a Julio Martínez para pedirle prestado el cuadro para una exposición y el me dijo "No, no lo tengo, parece que mi señora lo botó. En realidad no me gusta la pintura moderna". No le gustó el cuadro: era un huevo con una nariz y estaba igualito. Afortunadamente tengo la foto del cuadro.

SEXO VICARIO

El primer texto que me perturbó fue un libro de cuentos de un escritor chileno, cuyo nombre olvidé. Uno de los cuentos se llamaba "El Angel arrastra sus cadenas" y tenía imágenes fuertes de sexo, de orgasmo, de cama, que me impresionaron. Me gustaría saber quien era ese escritor, tal vez sea un escritor conocido.

En otro cuento, del mismo libro, un tipo se enamoraba de una mujer fea, con un defecto en la cara, una quemadura o una cicatriz y en la oscuridad la tocaba, tocaba su herida.

Después llegó Henry Miller que describía con crudeza el sexo, entraba en las mujeres como un científico, armado de una lupa. Hablaba de su miembro, decía que lo tenía duro, y que me la tiré y esas cosas. Todo muy fuerte. Era "Trópico de Capricornio". Me fui directamente al toilette. Al rato volví y leí otro poco, otras partes del libro, donde hablaba de Himmy Lauscher, un judío con quien atravesaba el puente de Brooklyn, hablando de cómo Miller seleccionaba, contrataba y despedía a la gente para una gran empresa de telegramas donde trabajaba. Así conocí a Henry Miller y lo encontré muy buen escritor. Lo digo en serio. Más tarde leí toda su obra. Lo sexual en su literatura es sólo una parte.

Pero los cuadros son púdicos. No hay pintura pornográfica, hay dibujos pornográficos. Hay un pintor que es muy erótico, que es Egon Schielle, es muy caliente, pero también es un pintor muy serio, muy trabajador. Uno cuando está caliente, está caliente y piensa en el sexo. En cambio si uno hace una obra bien hecha la energía se transfiere y ya no estás caliente. Porque si estás caliente no te dan ganas de trabajar, de pintar, sino de otra cosa.

Si hago un dibujo erótico, como me pedían en el colegio (me acuerdo de Díaz, que me pedía la mejor mina que pueda existir y yo trataba de dibujarla) no se pierde de vista la belleza plástica, el dibujo es finalmente lo más importante. Los grabados japoneses son lo más alto a que se ha llegado en esta materia.

INSPIRACION

Con un edificio moderno o un auto nuevo yo difícilmente me inspiraría mucho. Yo me puedo inspirar más con un almacén antiguo, de los que tienen zapallos afuera, que con un "mall". O con un supermercado, donde yo haría más bien dueñas de casa "sexi" y al supermercado lo dejaría como fondo. He pintado mujeres con carrito de supermercado. Tengo un cuadro que me gustaría recuperar para la exposición y que es un banco. Me inspiran las colas de los bancos. Es un banco cualquiera, hay un guardia y una cola de gente y están esos cordeles que han puesto últimamente para ordenar las colas.

A mi me interesa pintar Chile.

También he pintado Francia, un poco. Por ejemplo el cuadro que está en la pared es Francia, esas calles quedan en la rive gauche, con plátanos orientales. Hay una cárcel en ese sector.

En España me pasaba algo curioso: cada vez que iba, pintaba mucho,

los climas y ambientes de España dan ganas de pintar. El calor, la luz y además tantos pintores que hay en España, y tan buenos. Yo pintaba mucho, cada vez que iba de vacaciones. En tu casa pinté varios cuadros y en la casa de Pedro Asalgado también. Iba a ver a El Greco a Toledo. España es una tierra que te da ganas de pintar, es una tierra plástica.

Pero no pintaba "a" España, sino pintaba "en" España. Yo seguía pintando a Chile. Casi siempre pinto a Chile. Chile forma una parte muy importante de mí mismo.

Yo soy un pintor imaginativo, no pinto a partir de la realidad, sino de lo que tengo dentro, del recuerdo. He pintado en los lugares donde he estado y hay algunos cuadros que yo podría decir son de Francia, de España, de Ibiza, pero solamente yo lo sé. En general, es Chile.

LA NECESIDAD DE PINTAR UN CIERTO CUADRO

Siempre necesito pintar el cuadro, como si uno necesitara tirar afuera una idea que ha estado mucho tiempo rondando, a ti te debe pasar, como escritor. Es que tenemos un deber. Como artistas sabemos que la existencia hay que pagarla. Este es un concepto muy importante. Todo es un flujo. Y por eso hay remordimiento cuando no has hecho nada, porque te estás ganando la infelicidad al no hacer nada. Por eso, si tienes una idea que te ronda y ronda y por fin la llevas a cabo, como que te descargas, como que dejas una carga en el suelo y te quedas más liviano y, al mismo tiempo, satisfecho.