MARIO TORAL
 
El Rostro Múltiple
cinco anotaciones preliminares sobre la obra de Mario Toral
        

por

Carlos Navarrete

I / La Huella de la materia

La palabra grabado, proviene del neerlandés "graven", su acepción
señala la práctica de abrir y labrar un hueco -hacer incisiones- o en
relieve sobre una superficie de piedra, madera, metal, etc. para elaborar
una imagen. En otras palabras "Grabar" es dibujar haciendo incisiones, con
la asistencia de herramientas preparadas para tal efecto, o bien con el
trabajo de sustancias químicas -las que usadas controladamente- van dando
curso a la imagen pensada por el artista y que finalmente se visualiza por
medio del entintado de ésta. Gracias a este trabajo incisivo sobre una
determinda superficie se puede obtener una imagen original-multiejemplar,
de ahí entonces que en esta técnica repose el origen de la imprenta moderna
y por ende la multiplicación del saber a través de los textos.

Mario Toral llega en 1958 a la "ciudad luz", con la ilusión de todo
joven pintor de confrontar sus sueños a la realidad del medio. Pero además
de encontrar nuevos desafíos que permitan expresar sus ideas plásticas. El
estudio de las técnicas del grabado con Henry Adams en la Escuela de Bellas
Artes de París, permite al artista ingresar al mundo de las artes
gráficas. Siendo sus investigaciones en las técnicas del grabado en metal,
el medio propicio para grabar sus "Totems".

La serie "Totems" son el resultado que documentan fielmente el
relato de la memoria frente a un paisaje distante llamado "América". Con
toda esa extensión territorial que sólo la imagen y el concepto "Totem",
puede marcar y por ende señalar su presencia en esa inmensa extensión de
tierra. De ahí que cuando pensemos en la idea del totem, lo totémico aflore
como algo subyacente en ello. Los " Totems" , no son otra cosa que
extensas formas orgánicas las que emplazadas en la superficie del papel,
interrogan al espectador por las nociones de cuerpo y sustancia, pero
también de forma y figura, incluso algunos de ellos llegan a convertirse en
marcas de fuego sobre el inmaculado territorio que lo soporta, apelando a
ese carácter telúrico del que está embebido M. Toral. A ese respecto es el
propio artista el que se atreve a verbalizar algunos aspectos de esta serie
de obras, en donde la idea encerrada en la expresión : "piedra inmensa"
nos enfrenta una vez más al extenso paisaje americano, que lentamente se va
depositando en la memoria del artista como un todo orgánico, complejo y
múltiple por naturaleza. Por otra parte es en esta serie de trabajos donde
surje la colaboración de M. Toral con el poeta Pablo Neruda, para ilustrar
la obra "Alturas de Machu Pichu", desde donde emergen los "Totems" como
verdaderos ecos del ritmo sincopado en que imagen y texto van estructurando
la lectura del espectador, sabiamente delimitada a modo de cantos.

II / El rostro Inesperado

A partir de mediados de la década de los sesenta el artista retorna
a Santiago de Chile, en donde comienza su extensa serie de pinturas y obras
sobre papel, titulada "Torres de Babel", y aflora uno de los rasgos más
característicos del artista : Los rostros encerrados y espacios vaporosos,
únicamente constituídos estos últimos por la certera línea que divide el
blanco del soporte.

En este periódo de trabajo del artista, la derivación de planos geométricos
y formas orgánicas toma cuerpo a través de la visualización de una figura
humana, en donde el rostro es el último vestigio de humanidad, la que está
sometida a planimetrías ortogonales desde donde pareciera encontrarse en un
encierro y soledad infinita. De hecho muchos de estos rostros -en
muchedumbre o solitariamente en la composición- habitan desoladas
arquitecturas las que -a modo de nichos- parecieran enmarcar, estratificar
y quizás aislar, las posibles emanaciones de sentimiento hacia estos mundos
imaginarios y tremendamente pétreos.

El poeta Pablo Neruda ha visualizado a estos rostros, como los
rostros femeninos que desde el encierro y la altura apelan a una suerte de
universal. Por su parte el crítico Antonio Romera, se refiere a estas obras
como: "cabezas multiplicadas, repetidas sin riesgo de monotonía" ,
coincidiendo ambos en la transfiguración que el artista hace tanto de la
materia pictórica como de la idea de retrato en cuestión. Situación esta
última lleva a M. Toral a incursionar en una serie de obras visualizadas
como "Retablos" en donde la imagen va acompañada de texto. Articulada su
lectura a partir del objetualismo de un marco-nicho, que encierra,
distribuye y configura la noción de lectura y tema.

III / El sueño, la pintura, el mañana...

Durante los años sesenta M. Toral emprende viaje a la ciudad de
Nueva York en los Estados Unidos de Norteamérica, epicentro cultural de las
artes visuales desde fines de los años cuarenta, esta ciudad fue el espacio
ideal para que el artista comenzara a imaginar su serie de obras titulada
"El Mundo del Mañana". La mayoría de estas obras son monumentales
arquitecturas transparentes - constituídas por módulos y planos
rectangulares- donde sólo es posible distinguir los límites de esos
espacios, por medio de las finas líneas acuareladas que establecen el borde
del volumen y por ende un término en estos ámbitos diáfanos y atemporales.
La asepcia que emana de estas obras se ve lévemente interrumpida por
rostros o fragmentos de cuerpos femeninos -los que sin habitar el espacio-
de alguna extraña manera al estar contenidos en estas "cápsulas del
tiempo", develan un sentimiento de fragilidad y vulnerabilidad ante el
espectador. Esta idea pareciera acentuarse por medio de la reiteración y/o
fragmentación de los cuerpos, ante lo cual podríamos aseverar que en este
"Mundo del Mañana" está contenido un posible estado anímico del artista
frente a la deshumanización de la vida moderna y a las implicancias de este
hecho respecto al espíritu mesiánico contenido en la idea del progreso.

"Mujeres y Piedras" además de "Rostros" , son las series de obras
que se entre cruzan a el "Mundo del mañana" , siendo concentrados en la
ilustración de los "Veinte poemas de amor" -una de las obras cumbres de
Pablo Neruda- y quizás una de las más bellas colaboraciones entre un
artista y un poeta. Debido a que parece inseparable leer los versos de
Neruda y no dejar de pensar en esos "fragmentos de miradas femeninas"
elaboradas por Toral, donde la sutileza del trazo acuarelado -unido al fino
caligrama que estructura la composición- dan una nueva visión de lo que
podríamos llamar "belleza corpórea", en el clásico sentido estético de
hacerla tangible y visible ante nuestros ojos.

IV / " Espacios e Identidades"

Entre Nueva York y Andalucía -como una manera de reencontrarse con
sus raíces paternas- el artista da extensión a su búsqueda interior por
medio de la serie "Prisioneras de Piedra", uno de los más intensos periódos
del pintor y el que más ha reinventado cada cierto tiempo; esta serie
iniciada en 1974 en Nueva York y continuada en España ( Nerja, Andalucía)
nos enfrenta a un tipo de obra en donde el espacio del spoporte se
convierte en un "lugar infinito y atemporal" donde parecieran habitar una
serie de cuerpos femeninos desnudos o envueltos en velos, los que
parecieran estar prisioneros de este espacio por el estiramiento de sus
siluetas, generando una sutil tensión entre cuerpo y espacio.

Hablar de "prisioneras" cuando estas parecieran estar presentes a
modo de cuerpos desnudos o vestidos, y "piedras" las que en aparente
ausencia se revelan ante nuestros ojos por medio del telurismo que emerge
de la tensión cuerpo y espacio; Es de alguna manera entrar a interrogarnos
por la metáfora a la que el artista apela con el título de la serie
-"Prisioneras de Piedra"- prisioneras de una ausencia matérica y corpórea.
Cuerpos a punto de pasar de un estado a otro, en donde la referencia
pétrea se nos vuelve un signo de identidad frente a estos seres fantásticos
que transfigurados pueden volverse etéreos, libres e inmortales. Pero
estas "Anatomías inventadas" pertenecen a la serie "Gente en Lucha", que
por esos años tiene al artista imbuido en las múltiples posibilidades que
la corporeidad humana puede dar, para testimoniar su condición. Una vez más
violentada por una urbe agresiva y poco generosa. De hecho por esos años en
la "Gran manzana" como suele llamársele al corazón de Nueva York
-Manhattan- se desatan los más violentos desórdenes raciales y en
determinado momento producto de un apagón eléctrico, la ciudad misma se
volvió un hinóspito refugio para el ser humano. Curiosamente los seres de
Toral por esos años parecieran dar cuenta de tales problemáticas, debido a
que gan parte de las obras son descripciones de seres alargados y
tensionados por fuerzas externas al soporte que se mantienen en actitud
agresiva frente a sus congéneres, dando mucho dinamismo y una sensación de
caos a cada una de las composiciones propuestas.

A través de este ser humano violentado y violento producto del
entorno en que vive, el artista pretende arrojar un llamado de atención y
proponer una advertencia para tomar conciencia de esta realidad, inmediata,
apremiante y tremendamente propia de nuestra era. Todo lo cual nos remite
a la idea de este "Rostro Múltiple" en que cada una de las obras de Mario
Toral se va convirtiendo con el paso de los años y de las vivencias y
viajes que el propio artista va padeciendo como un ser sensible ante estos
penosos hechos de nuestra condición humana.

La máscara ha sido definida por la mayoría de los diccionarios de
la siguiente manera: "Figura hecha de cartón u otra materia, con que una
persona se cubre el rostro para no ser conocida". Es muy probable que
cuando Mario Toral tituló a esta serie de obras realizadas en Nueva York a
principios de los ochenta y que luego continuó con sus "Cuerpos y Máscaras"
en ese mismo decenio el nombre para tal serie de obras surgió como un
complemento necesario a "Gente en Lucha y Prisioneras de Piedra", en donde
ya el artista muestra una especial preocupación por esta naturaleza humana
tan dada a autodestruirse y vulnerarse desde lo más profundo de su origen.

La mayoría de estos trabajos apelan a una mirada perdida en el espacio
cuadro, que va rápidamente hallando -producto de su insaciable apetito
devorador- esta suerte de cabezas humanas primitivas flotando en diversos
estratos de color, como si se tratase de un verdadero puzzle visual, en
donde forma e imagen azarosamente desafiaran la mirada del más audaz ojo
escudriñador .

Mario Toral al enfrentar tiempo después su serie "Cuerpos y
Máscaras" pareciera iniciar una tarea reconstructiva del ser , al
proponernos una mirada totalizante de éste, en donde el ideal geométrico -a
través de su planimetría compositiva- comienza a configurar una verdadera
arquitectura en donde algunos de estos seres habitan y de algún modo esa
atemporalidad del espacio infinito es ahora medida por medio de estas
construcciones.

V / "El Hombre arquetipo de una geometría"

Las investigaciones plásticas de Mario Toral durante la medianía de
los años ochenta -tanto en su taller de Nueva York como en Santiago de
Chile- y hasta prácticamente entrada la década del noventa parecieran
centrar su punto de origen en la figura paradigmática del "Torso". Este
fragmento corporal pareciera encarar por una parte toda la fuerza y belleza
telúrica de un origen americano pero además, todo el misterio que encierra
su monumentalidad compacta en medio de un espacio aéreo y difuminado, donde
a ratos alguna forma primigénia pareciera interceptar tal solennidad
totémica.

En su mayoría los "Torsos" del periódo 1985-1989, han sido
elaborados en medios gráficos y/o pictóricos, adquiriendo una particular
sincronía estas construcciones plásticas por medio de las contradicciones
ideadas por el artista. Constantemente sometida a estos aparentes
entredichos cromáticos -un Torso verde por ejemplo- o a una apasionada
lucha de la materia que compone el espacio cuadro. A ese respecto podríamos
señalar que el espacio atmosférico en donde habitan estas masas de cuerpo,
son aparentemente elementos naturales -agua, fuego, aire, tierra- que
convierten a la pintura en un fértil territorio de geologías desconocidas
donde la imagen del "Torso", ordena, marca y compone este aparente caos.


A finales de los ochenta y en la primera mitad de la década
noventa, los torsos paulatinamente van dando paso a los cuerpos, los que a
veces etéreos o pétreos surcan estas ambientaciones en donde son
interpelados por signos primitivos tales como : caracolas, piedras y
figuras geométricas. Este aparente enfrentamiento entre la razón -encarnada
por los signos- y la intuición -visualizada a través del cuerpo- no es otra
cosa que la extensión actual del medio que rodea al Hombre de nuestro
tiempo y en donde nuestra mirada extraviada por la saturación de la
información no puede elaborar un diálogo coherente con el otro. Podríamos
señalar que la inclusión de signos elementales en algunas composiciones no
sólo orientan nuestra mirada -a modo de sentencias compositivas- en la
lectura de la obra, sino que además sintetizan el mar de información del
medio exterior al interior del espacio cuadro.

Un aspecto no tratado en esta serie de pinturas y dibujos, es que
para acentuar el carácter de perpetuidad muchos de estos seres -a ratos
delineadas sombras texturadas- es que están aparentemente atrapados por
antiguas columnas pertenecientes a la era clásica, sin ser romanas ni mucho
menos griegas, las verticales o diagonales series de columnas que
atraviesan la composición parecieran retener a la sombra que se desplaza
frágilmente por ese espacio atemporal.

La indagación en el misticismo que emana de las arquitecturas y
signos clásicos parecieran ser los elementos recurrentes en el Mario Toral
de los noventa. De hecho en su serie de dibujos del año 1997, nuevamente se
vuelve recurrente el uso de las series de columnas y los signos gráficos o
geométricos para retratar a estos "Seres en Conflicto". Trabajos en los que
claramente vemos la condición humana enfrentada al ciclo "Vida y Muerte",
pero con una reminiscencia de la planimetría geométrica usada años atrás,
la que ahora actuando como trama compositiva es superpuesta a una red
orgánica de elementos que permite distinguir a los cuerpos que yacen sobre
y/o entre las columnas y signos elementales.

Se podría decir que estos dibujos son la antesala más reciente
del "Rostro Múltiple" que el artista ha estado trabajando en estas cuatro
décadas de pintura, pero además son el contrapunto necesario de estos
últimos cinco años en donde ha realizado junto a su equipo de trabajo el
mural "Memoria Visual de una Nación" -emplazado en la estación del
ferrocarril subterráneo Universidad de Chile- y que nuevamente nos enfrenta
al misterio que encierra su pintura, como posibilidad expresiva de un ser
sensible no sólo a su tiempo, sino que además, a los hechos de su historia
con la asistencia de la razón e intuición, pero especialmente con ese apego
a la creación plástica que no ha seguido modas o tendencias pasajeras y que
se ha decantado en esta narración onírico/geométrica, marcada por las mil
caras del retrato.

Carlos Navarrete *
Santiago de Chile, Junio 1999.

* Carlos Navarrete es un artista plástico y colaborador independiente en
varias publicaciones de arte. Desde 1990 divide su tiempo entre Santiago de
Chile y Sao Paulo Brasil, en donde reside y trabaja.

                                                                                                            
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